Nummulites

El pasado Lunes me fui de cumpleaños a una casa de campo cerca de la localidad de Elche (Alicante). Como es buena costumbre (para un geólogo, mala para los anfitriones), aproveché la visita para observar los afloramientos rocosos que había en los alrededores, cuando ¡Eureka! Algo llamó mi atención y estaba muy cerca…

El afloramiento de donde proceden los Nummulites del artículo.

El afloramiento de donde proceden los Nummulites que vamos a ver en el artículo.

El afloramiento tiene un aspecto de alternancia entre unas margas de color gris y unas areniscas que en su tramo inferior no tienen orden y en la parte superior aparece una laminación paralela. Como la luz se iba y no pude hacer mucha más observación, no sé si se corresponde a una alternancia entre secuencias transgresivas y regresivas o si podrían ser en cambio unas turbiditas o unas tempestitas, aunque la base de los estratos de arenisca eran realmente planas, al menos en este tramo del afloramiento, dejado al descubierto por los bancales de olivos.

Aspecto de visu de la roca con los numerosos Nummulites.

Aspecto de visu de la roca con los numerosos Nummulites.

El género Nummulites es un género extinto de foraminíferos bentónicos (organismos unicelulares que vivieron sobre el fondo de los mares y océanos) y que han llegado bien preservados hasta nuestros días porque tenían un caparazón calcáreo que es bastante resistente.

Los fósiles género puede llegar a medir más de 5 cm. de diámetro, aunque los de este afloramiento, al menos que yo pudiese observar, rara vez medían más de 1 cm. Vivieron entre el Eoceno y el Mioceno y fueron especialmente abundantes en el Suroeste asiático y en el Mediterráneo.

Un Nummulites de cerca.

Un Nummulites de cerca.

De hecho, en el Mediterráneo son conocidos estos fósiles desde al menos la época del Antiguo Egipto, donde  usaban las conchas de los nummulites como monedas (nummulus, la palabra de la que deriva Nummulites, significa “pequeña moneda”) y muchas de las rocas que forman las pirámides y otros monumentos son calizas y areniscas con Nummulites. Se han descrito más de 200 especies de este género y no queda ningún representante vivo en la actualidad.

 

 

Distintas vistas de la falange segunda de un caballo de algún momento entre el Pleistoceno y el Holoceno.

La falange segunda de un caballo

Distintas vistas de la falange segunda de un caballo de algún momento entre el Pleistoceno y el Holoceno.

Distintas vistas de la falange segunda de un caballo de algún momento entre el Pleistoceno y el Holoceno. La escala esta en cm.

Hoy dejamos la paleobotánica para hablar de vertebrados en el #FossilFriday. La pasada semana me llamó mi padre por teléfono desde la playa diciéndome que había encontrado un fósil. Lo primero en lo que pensé, obviamente, era que se refería a algún tipo de organismo marino, hasta que me dijo que era un hueso de unos pocos centímetros.

Por teléfono me era difícil identificarlo sin verlo, así que le dije que me lo trajera. Me esperaba algún hueso de mamífero marino de los que a veces mueren cerca de la costa o quedan varados.

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Mi sorpresa fue mayúscula al verlo, puesto que era la falange segunda de un caballo algo desgastada por la fricción con la arena de la playa. A falta de más datos, el fósil podría tener una edad Pleistoceno-Holoceno, pero es muy difícil acertar este dato puesto que ha aparecido solo este algo retrabajado en la arena.

Las falanges son los huesos que forman los dedos de los vertebrados. Puesto que los caballos solo tienen un “dedo” por pata y tres falanges en cada uno, en total tienen 12 falanges.

Un poco más de cerca, podemos ver porqué estos fósiles eran los "árboles con escamas" en un ejemplar de la República Checa.

Lepidodendron

Para este segundo #FossilFriday hemos escogido también un fósil de planta del Carbonífero, concretamente de un género que apareció en este periodo y que llegó hasta el Pérmico, momento en el que se extinguieron.

fósil de Lepidodendron del Carbonífero de la provincia de Córdoba.

fósil de Lepidodendron del Carbonífero de la provincia de Córdoba.

El género al que nos referimos es el Lepidodendron, una planta vascular y arborescente que era capaz de medir alturas de 30 metros y tener troncos de más de 1 metro de diámetro (el ejemplar más grande descubierto medía 35 metros de longitud y 2 metros de diámetro). Estos troncos rara vez tenían ramas salvo en la parte superior, donde se bifurcaba el tronco.

Un poco más de cerca, podemos ver porqué estos fósiles eran los "árboles con escamas" en un ejemplar de la República Checa.

Un poco más de cerca, podemos ver porqué estos fósiles eran los “árboles con escamas” en un ejemplar de la República Checa.

Las hojas de estos árboles eran largas y muy estrechas, parecidas a las hojas de la hierba. El lugar donde se insertaban las hojas en el tronco tenía forma de rombo, de tal manera que al verlo da el aspecto de piel de reptil, por lo que también se les conocía como “árboles con escamas”. Formaron grandes extensiones boscosas durante el Carbonífero, siendo una parte importante también de los depósitos de carbón.

Reconstrucción del tronco de un Lepidodendron, donde también se puede ver la inserción de las hojas. Museo de Historia Natural de Londres.

Reconstrucción del tronco de un Lepidodendron, donde también se puede ver la inserción de las hojas. Museo de Historia Natural de Londres.

Se ha estimado que la vida media del Lepidodendron estaba en torno a los 15 años y su reproducción era por esporas que liberaba desde una especie de conos o piñas donde las albergaban.

Reconstrucción de principios del siglo XX de como podría haber sido un Lepidodendron.

Reconstrucción de principios del siglo XX de como podría haber sido un Lepidodendron.

Imágenes infrarrojas de Ío tomadas el mes de Agosto del pasado año donde se observan las erupciones en un color mucho más claro que el resto de la superficie. IMKE DE PATER AND KATHERINE DE KLEER, UC BERKELEY.

Observadas grandes erupciones en Ío desde la Tierra

El mes de Agosto del pasado año se observaron durante dos semanas consecutivas tres grandes erupciones volcánicas en la luna de Júpiter Ío desde el telescopio Keck II, en Hawaii.

Imágenes infrarrojas de Ío tomadas el mes de Agosto del pasado año donde se observan las erupciones en un color mucho más claro que el resto de la superficie. IMKE DE PATER AND KATHERINE DE KLEER, UC BERKELEY.

Imágenes infrarrojas de Ío tomadas el mes de Agosto del pasado año donde se observan las erupciones en un color mucho más claro que el resto de la superficie. IMKE DE PATER AND KATHERINE DE KLEER, UC BERKELEY.

La actividad en esta luna es bien conocida desde que las Voyager pasaron por el sistema Joviano a finales de la década de los 70 y posteriormente ha sido observada por distintas sondas más, desde la Galileo, a la New Horizons, siempre observando actividad volcánica en Ío. Además, gracias al avance en óptica adaptativa en los telescopios terrestres, se ha conseguido una gran mejora en la resolución de las observaciones desde nuestro planeta.

Ío, con un tamaño similar a nuestra Luna, es el cuerpo del Sistema Solar con mayor cantidad de vulcanismo activo (vulcanismo “caliente”), incluso por delante de la Tierra. De momento no hemos encontrado otros cuerpos con vulcanismo activo, aunque algunos estudios sugieren que en Venus podría albergar  todavía algunos.

Anteriormente se pensaba que estos estallidos de gran actividad ocurrían una vez al año o cada dos años, pero se deduce de estas observaciones que podría ser un fenómeno más habitual y que si se observara más a menudo, se verían más erupciones de este tipo.

Estas grandes erupciones son capaces de lanzar lava a cientos de kilómetros de altura gracias a la baja gravedad de Ío y con lavas que alcanzan temperaturas muy superiores a las de nuestro planeta. La fuente de energía interna de Ío viene dada por un fenómeno conocido como calentamiento por mareas, a través del cual la deformación que produce la gravedad de Júpiter sobre Ío a lo largo de su órbita es capaz de generar una fricción que provoca la fusión de su interior, generando grandes cantidades de magma que posteriormente son expulsadas por sus volcanes.

Una hoja de Neuropteris ampliada. Tiene una longitud de 1.5 centímetros.

Neuropteris

De aquí en adelante voy a intentar mantener una sección fija los viernes de cada semana denominada #FossilFriday, contándoos algo sobre algunos de mis fósiles (y los de los museos). En twitter son muchos los usuarios que cada viernes cuelgan la foto de un fósil y que podéis seguir con ese hashtag, pero aquí intentaremos dar alguna pincelada extra para completar la imagen.

Multiples impresiones de hojas de Neuropteris sobre una caliza del Carbonífero.

Multiples impresiones de hojas de Neuropteris sobre una caliza del Carbonífero.

Para el primer #FossilFriday hemos elegido el fósil de una planta, concretamente del género Neuropteris, y que está extinto en la actualidad, pero que vivió durante todo el periodo Carbonífero, entre hace 359 y 299 millones de años. Este periodo es famoso por la formación de grandes depósitos de carbón, formados principalmente en ambientes fluviales y pantanosos que permitían un rápido enterramiento de las masas forestales que posteriormente se transformarían en el carbón bajo condiciones anóxicas.

Un detalle de la misma roca, donde se pueden apreciar mejor las hojas de Neuropteris.

Un detalle de la misma roca, donde se pueden apreciar mejor las hojas de Neuropteris.

Neuropteris está incluida dentro del grupo de los helechos con semilla o Pteridospermatophyta, grupo del cual todos sus miembros se encuentran extintos y de los que solo sabemos de su existencia por el registro fósil.

Una hoja de Neuropteris ampliada. Tiene una longitud de 1.5 centímetros.

Una hoja de Neuropteris ampliada. Tiene una longitud de 1.5 centímetros.

Este fósil de Neuropteris proviene de las cuencas carboníferas de la provincia de Córdoba, donde tradicionalmente se ha explotado el carbón desde finales del siglo XIX.