Cartel EJIP 2015

¡Los jóvenes paleontólogos necesitan tu ayuda!

Creo que no es necesario que diga que tras la expulsión de España del IODP, las ciencias (y menos todavía las de la Tierra) no pasan por su mejor momento en nuestro país.

Desde 2002 se viene celebrando el Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología en distintos puntos de nuestra geografía, con objeto de fomentar la participación y la colaboración de los investigadores más noveles en esta ciencia, y que además se celebra en localidades pequeñas pero con gran patrimonio paleontológico, poniendo de manifiesto la importancia de la riqueza y la preservación del patrimonio geológico en nuestro país. El de este año se celebra en Cercedilla (Madrid) del 15 al 18 de Abril. 

Pero el congreso no es gratuito, y con la caída generalizada de ayudas y subvenciones, y para poder mantener un precio asequible para los jóvenes investigadores (y que en muchos casos se compaginan investigación y estudios sin acceso a una beca), nos solicita que colaboremos económicamente con ellos.

Por ello han creado una “Fila 0”, al estilo de otras iniciativas, para poder recaudar fondos necesarios para celebrar el congreso.

Yo os podría dar decenas y decenas de argumentos por los cuales creo que es necesario que aportemos nuestro granito de arena, pero voy a ir al grano.

Cada día es más difícil que la gente joven y con talento, y más en ciencias como la Paleontología, pueda acceder a la investigación y tener oportunidades en el futuro. Tener la suerte de poder ir a un Congreso de una manera asequible, de presentar un trabajo oralmente o en un poster, puede ser una suerte que le abra algunas puertas en el futuro.

Piensa que si tienes o tuvieses un hijo, algún día podría querer ser paleontólogo. Colabora.

Si deseas ayudar a esta iniciativa, puedes pulsar sobre la imagen de debajo, donde llegarás a la página del EJIP 2015:

Cartel EJIP 2015

Cartel EJIP 2015

Estructura interna de Ganímedes obtenida a través de las observaciones realizadas por el Hubble y la sonda Galileo. NASA, ESA, and A. Feild (STScI)

Ganímedes tendría un océano salado bajo su superficie

Si ayer fue el turno de los geiseres de Encélado, hoy unas observaciones de Ganímedes, el satélite más grande de Júpiter y del Sistema Solar, ponen de manifiesto la existencia de un océano “salado” entre la corteza de hielo y el manto, también de hielo, del satélite.

Estructura interna de Ganímedes obtenida a través de las observaciones realizadas por el Hubble y la sonda Galileo. NASA, ESA, and A. Feild (STScI)

Estructura interna de Ganímedes obtenida a través de las observaciones realizadas por el Hubble y la sonda Galileo. NASA, ESA, and A. Feild (STScI)

Desde los años 70 se sospechaba que podría tener un océano gracias al desarrollo de diferentes modelos del interior del satélite. Pero no ha sido hasta ahora, cuando gracias a la resolución del Hubble se ha podido confirmar esta posibilidad gracias a la resolución de este, que es capaz de estudiar con una capacidad sin precedentes en longitudes de onda como el ultravioleta, y que desde la Tierra serían más dificiles de captar debido a la absorción de la atmósfera.

Como varían las bandas de auroras sin océano, y con océano, a la derecha.  NASA, ESA, and A. Feild (STScI).

Como varían las bandas de auroras sin océano, y con océano, a la derecha. NASA, ESA, and A. Feild (STScI).

Para llegar a esta conclusión, se ha tenido que estudiar como las bandas de auroras oscilan sobre Ganímedes. Puesto que Ganímedes tiene un nucleo de hierro, posee también un campo magnético, aunque se encuentra “embebido” dentro del campo magnético de Júpiter, por lo que las variaciones en el campo magnético de Júpiter provocarían variaciones en como y donde aparecen estas auroras. Si no existiese este océano salado, las variaciones serían mucho más grandes, alrededor de unos 6º, pero puesto que existe este, el océano es capaz de bloquear parte de esas variaciones, haciendo que estas bandas varien su inclinación en unos 2º.

Los cinturones de aurora de Ganímedes, vistos con el Telescopio Espacial Hubble. NASA/ESA.

Los cinturones de aurora de Ganímedes, vistos con el Telescopio Espacial Hubble. NASA/ESA.

El Hubble, que cumpre 25 años este año, es una de las misiones más exitosas de toda la historia de la exploración espacial. No únicamente por sus resultados científicos, prácticamente insuperables, sino por la cantidad de público que ha conseguido apasionar durante todos estos años.

Esta simulación muestra como el campo magnético de Júpiter llega más allá de Ganímedes, alterando el de este último. NASA/ESA.

Esta simulación muestra como el campo magnético de Júpiter llega más allá de Ganímedes, alterando el de este último. NASA/ESA.

Este estudio no es solo de una vital importancia para el conocimiento de nuestro Sistema Solar, en el que cada vez más parece que el paradigma de un lugar seco, carente de agua líquida, va desapareciendo, sino para el estudio en el futuro de planetas y satélites extrasolares, donde la validación de los modelos matemáticos es fundamental para conocerlos de una manera precisa. Además, abre otra via a la existencia de cuerpos con condiciones aptas para la vida tal y como la conocemos, aunque todavía tardaremos muchos años en saber con mayor certeza como es y que esconde el océano de Ganímedes.

Los geiseres de Encelado, observados por la Cassini. NASA/JPL.

Encuentran indicios de actividad hidrotermal en Encelado

Los geiseres de Encelado, observados por la Cassini. NASA/JPL.

Los geiseres de Encelado, observados por la Cassini. NASA/JPL.

Encelado es una de los satélites naturales más apasionantes de nuestro Sistema Solar. En órbita de Saturno y con apenas 500 kilómetros de diámetro dejó al mundo científico perplejo cuando en 2005 se descubrieron géiseres capaces de expulsar vapor de agua y otros volátiles como dióxido de carbono, metano, nitrógeno y amoniaco, entre otros, a distancias de más de 1500 kilómetros y a la friolera de 400 metros por segundo.

Pero no solo eso, en un nuevo estudio que saldrá publicado mañana día 12 de Marzo en la revista Nature se habla de la detección de pequeños granos de roca detectados por la sonda Cassini, que se encuentra en órbita de Saturno desde el año 2004, y que tendrían su origen en la actividad hidrotermal que ocurre en Encelado.

Un corte esquemático de Encelado donde se aprecia su estructura interna, desde el nucleo rocoso a la corteza helada. NASA/JPL.

Un corte esquemático de Encelado donde se aprecia su estructura interna, desde el nucleo rocoso a la corteza helada. NASA/JPL.

El descubrimiento de estos granos fue posible gracias al Cosmic Dust Analizer (CDA) de la Cassini y que ha detectado en repetidas ocasiones granos de sílice de entre 6 y 8 nanómetros. Esta composición es muy diferente a la que se encuentra en el sistema de Saturno, donde suelen ser granos formados por hielo los que la Cassini detecta habitualmente.

En nuestro planeta, la manera más común para formar los granos de sílice de este tamaño es la actividad hidrotermal, es decir, actividad relacionada con aguas a una temperatura elevada y que son calentadas por procesos geológicos, como el gradiente geotérmico o la presencia de magma. Una vez esta agua, ligeramente salina, esta supersaturada en sílice, si sufre un enfriamiento brusco, forma pequeños cristales (o granos) de sílice de este tamaño.

Además, para validar esta teoría, los científicos han realizado modelos de laboratorio en los que han podido verificar las condiciones de formación, y que además estas podrían darse en el fondo del supuesto océano (y que podría tener hasta 10 kilómetros de profundidad en algunos puntos) que existe en Encélado, donde aguas a elevada temperatura, alrededor de 90 grados, y que surgen del interior del planeta, entran en contacto con otras más frías que forman el océano, forzando la precipitación de la sílice disuelta.

Posteriormente, debido al pequeño tamaño de estas partículas, viajarían hacia arriba hasta ser disparadas por los géiseres en un tiempo que va de unos meses a unos pocos años tras su formación, puesto que si estuviesen más tiempo en circulación dentro del agua aumentarían de tamaño.

Esquema del interior de Encelado en el que se observan las moléculas de clatratos atrapando las moléculas de metano. NASA/JPL.

Esquema del interior de Encelado en el que se observan las moléculas de clatratos atrapando las moléculas de metano. NASA/JPL.

Pero esto no es todo, además la Cassini ha detectado que en los geiseres también se expulsa metano y cuyo origen es posible que sea también hidrotermal, debido a la interacción del agua caliente con el núcleo rocoso de Encelado. Otro origen para el metano sería la existencia de clatratos de hielo de agua, una molécula cuya forma de “jaula” permite atrapar a una segunda molécula en su interior, concretamente el metano. En nuestro planeta también existen clatratos, por ejemplo, en los hielos de las zonas polares del hemisferio Norte, y que suponen un problema añadido al calentamiento global puesto que al fundirse estos hielos, liberarían el metano que es un potente gas de efecto invernadero.

Sin duda Encelado es una de los puntos más interesantes de nuestro Sistema Solar para la astrobiología puesto que contiene muchos ingredientes que la harían apta para el desarrollo de la vida tal y como la conocemos: agua líquida, fuentes de energía (como la que hace que el agua salga caliente por las fuentes hidrotermales) y minerales.

Las inundaciones del Ebro, vistas por el Landsat 7. Las franjas negras se deben a una avería en su sistema de toma de imágenes. NASA.

Los efectos de las inundaciones del Ebro desde los satélites Terra y Landsat 7

Este fin de semana se han producido diversas inundaciones a lo largo del cauce del río Ebro que ha tenido como consecuencias la evacuación de diversos municipios de la provincia de Zaragoza y la rotura de algunas infraestructuras al no soportar la presión ejercidas por las aguas.

Hoy tanto los satélites Terra y Aqua como el Landsat 7 han sido capaces de captar las diferencias entre el antes y el después de las inundaciones a media resolución.

Dos imágenes del satélite Terra tomadas el pasado día 16 de Febrero y hoy 2 de Marzo donde se aprecian claramente los efectos de las inundaciones. NASA.

Dos imágenes del satélite Terra tomadas el pasado día 16 de Febrero y hoy 2 de Marzo donde se aprecian claramente los efectos de las inundaciones. NASA.

Por si os cuesta ver el detalle de la zona inundada, podéis hacer dos cosas: una, pulsar la imagen para que se vea en grande, o dos, observar esta animación:

Antes y despues de las inundaciones del río Ebro de este pasado fin de semana, vistas por el Terra. NASA.

Antes y despues de las inundaciones del río Ebro de este pasado fin de semana, vistas por el Terra. NASA.

Desgraciadamente, la resolución de estas imágenes está en torno a los 250 metros por pixel, por lo que la cantidad de detalles no es muy grande. Por suerte, hoy hacia un pase el desgraciadamente averiado Landsat 7, cuya resolución está en los 30 metros y nos permite observar las inundaciones con mucho más detalle.

Las inundaciones del Ebro, vistas por el Landsat 7. Las franjas negras se deben a una avería en su sistema de toma de imágenes. NASA.

Las inundaciones del Ebro, vistas por el Landsat 7. Las franjas negras se deben a una avería en su sistema de toma de imágenes. NASA.

Y de nuevo, una animación para que veáis el antes y el después. No solo se nota la crecida del río, sino el aumento del volumen del embalse de la Sotonera y que ahora mismo tiene 180 de 189 hectómetros cúbicos de capacidad llenos.

El antes y el después desde el Landsat 7. NASA.

El antes y el después desde el Landsat 7. NASA.

Os recuerdo que en las imágenes del Landsat 7 que hemos puesto los colores azules muy claros y que normalmente aparecen en la cima de las montañas y en las nubes más altas corresponden con cristales de hielo o nieve y no a un color real.

Como podéis ver, las imágenes de satélite nos ayudan también a estudiar el alcance de las áreas afectadas por las inundaciones para mejorar la planificación urbana (y humana) y también para cuantificar daños, sobretodo a masas vegetales, al menos a estas resoluciones.

Actualización: Hoy hemos tenido pase del Landsat 8 que aunque cubre menos zona inundada, es muy interesante y además tiene una gran calidad:

La zona inundada, a los ojos de Landsat 8, comparándo la imagen tomada el día 3 de Marzo y el 29 de Diciembre de 2014. NASA.

La zona inundada, a los ojos de Landsat 8, comparándo la imagen tomada el día 3 de Marzo y el 29 de Diciembre de 2014. NASA.

Y por supuesto, el antes y el después con la animación correspondiente:

Animación del antes y el después con los mismos fotogramas de la imagen anterior. NASA.

Animación del antes y el después con los mismos fotogramas de la imagen anterior. NASA.

En la imagen se puede ver el cráter Cornelia, que tiene entre 4 y 5 millones de años. A la derecha se ven los barancos con los bordes curvados y el depósito con forma de abanico. NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA.

¿Agua en Vesta?

Como muchos sabréis, ayer se publicó en la revista Science un monográfico con los primeros resultados de la misión Rosetta. Aunque hoy pensaba hablaros de ellos, Daniel Marin ha escrito un genial resumen de estos, ahorrándome el tiempo en escribirlos y así pudiendo hablar del gran olvidado del día de ayer, que fue Vesta.

Si me preguntaseis por un listado de lugares en el Sistema Solar donde podría haber agua líquida, seguramente los asteroides y planetas menores estarían en la parte más baja, ya que no tienen atmósfera y las temperaturas que hay en su superficie son muy bajas.

Vesta, vista por la Dawn el 24 de Julio de 2011. ¿Esperarías poder encontrar agua aquí?. NASA/JPL-Caltech/ UCLA/MPS/DLR/IDA.

Vesta, vista por la Dawn el 24 de Julio de 2011. ¿Esperarías poder encontrar agua aquí?. NASA/JPL-Caltech/ UCLA/MPS/DLR/IDA.

Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que Vesta, el segundo cuerpo en tamaño del cinturón de asteroides (solo por detrás del planeta menor Ceres), podría haber tenido pequeñas coladas de materiales mezcladas con agua en su superficie durante cortos periodos de tiempo.

Para alcanzar esta conclusión, estudiaron una pequeña población de cráteres jóvenes (de unos pocos cientos de millones de años, en comparación con los 4600 millones de Vesta) que mostraban barrancos con formas curvas y depósitos con forma de abanico.

En la imagen se puede ver el cráter Cornelia, que tiene entre 4 y 5 millones de años. A la derecha se ven los barancos con los bordes curvados y el depósito con forma de abanico. NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA.

En la imagen se puede ver el cráter Cornelia, que tiene entre 4 y 5 millones de años. A la derecha se ven los barancos con los bordes curvados y el depósito con forma de abanico. NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA.

Para formar estos, no se necesitaría de una gran cantidad de agua. ¿Y de dónde provendría el agua?. Pues Vesta podría tener pequeños parches de hielo bajo la superficie, quizás acumulados tras el impacto de cometas con Vesta, como por ejemplo ocurre en los polos de la Luna y Mercurio. Un impacto posterior formaría el cráter y en este proceso calentaría algunos de los parches de hielo, liberando el agua que es quien en última instancia movilizaría los materiales.

Ahora mismo la sonda Dawn se encuentra de camino al planeta menor Ceres, donde está prevista su llegada el próximo día 6 de Marzo, ¿Qué secretos nos descubrirá?