Nuestro deber como científicos

Nuestro deber como científicos

“Hemos diseñado nuestra civilización basándonos en la ciencia y la tecnología y al mismo tiempo hemos dejado las cosas de tal manera que nadie entienda nada en absoluto sobre ellas. Es una fórmula infalible para el desastre”

Carl Sagan murió un día como hoy, un 20 de Diciembre de 1996, el día de mi cumpleaños. Como para mucha gente, su obra fue fundamental en la formación como científico y como persona.

Su pasión por la ciencia, la vida y el avance de nuestra sociedad es aún hoy una llama incombustible que nos ilumina y alimenta nuestras mentes.

Pero a menudo temo de que esa llama vaya perdiendo su luz y de que aquellos que somos los encargados de recoger su relevo no lleguemos a tiempo y perdamos la oportunidad de inspirar y de alentar a las nuevas generaciones.

Sé que no todo está en nuestras manos y que en parte el sistema educativo juega nuestra contra. No se enseña pensamiento crítico ni escepticismo. Directamente no se enseña a pensar. Y lo que se sabe es porque sí. Porque es lo que hay.

Todo se reduce a memorizar miles y miles de datos que con el tiempo caen en el olvido, cuando quizás lo primero que habría que enseñar a los niños desde bien pequeños es que aún hay todo un Universo por explorar, empezando por la propia Tierra.

Y claro que es importante conocer los datos y los hechos, son fundamentales en la ciencia. Pero nuestro sistema educativo se encarga de ir poco a poco eliminando la curiosidad y la imaginación. Y pronto las preguntas se convierten en afirmaciones que podemos decir de carrerilla.

Es por tanto nuestro deber, el de los científicos, el de aquellas personas que de verdad sienten pasión por lo que hacen, animar a las futuras generaciones a que sigan haciéndose preguntas, tanto las mismas que ya están resueltas como aquellas que aún no tienen respuesta. Y por supuesto, dejar que imaginen nuevas preguntas.

La ciencia es un emocionante viaje de descubrimiento con el que intentamos responder el cómo, el cuándo y el porqué de todo aquello que ocurre en el Universo, incluyendo nuestra propia existencia. La ciencia es ese faro que guía nuestra civilización hacia el futuro.

No dejemos que se apague nunca su luz.