En lo que hoy es la península Ibérica, existen grandes cuencas carboníferas, como la que dio lugar a este fósil de Calamitaceae.

La Tierra estuvo al borde de la glaciación global (dos veces) en el Carbonífero

A escala geológica, el clima de nuestro planeta va variando de manera natural por diversos factores: Desde astronómicos (como puede ser la excentricidad de la órbita terrestre o la inclinación del eje de la Tierra) hasta geológicos, como puede ser el efecto de los volcanes o la tectónica de placas en el contenido de gases en nuestra atmósfera. Incluso, a gran escala, el origen y desarrollo de la vida ha influido directa e indirectamente tanto en la composición de la atmósfera, como en la regulación de las temperaturas globales a través de diversos mecanismos.

Algunos de estos periodos han sido excepcionalmente fríos y han llevado a nuestro planeta a sufrir etapas de lo que conocemos como “Tierra bola de nieve”, en la cual la mayor parte de la superficie de nuestro planeta se encontraría cubierta por el hielo. Todavía desconocemos muchos de los detalles de estas glaciaciones, ya que el registro geológico no es completo y se encuentra muy fragmentado, pero poco a poco vamos pudiendo reconstruir parte de esta historia de grandes periodos glaciales.

La última de estas grandes glaciaciones sería la del Baikonuriense, que ocurrió hace unos 547 millones de años, y que podría haber dado el pistoletazo de salida a la explosión del Cámbrico, uno de los momentos clave de la historia de la vida en la cual aparecen la mayoría de grandes filos del reino animal.

Desde entonces, y hasta ahora, no habría habido ningún otro episodio de glaciaciones de esta envergadura, pero un nuevo estudio revela que durante el Carbonífero, la Tierra estuvo a punto en dos ocasiones de sufrir una glaciación global… ¡por culpa de la vida!.

En lo que hoy es la península Ibérica, existen grandes cuencas carboníferas, como la que dio lugar a este fósil de Calamitaceae.

En lo que hoy es la península Ibérica, existen grandes cuencas carboníferas, como la que dio lugar a este fósil de Calamitaceae.

Seguro que si os pregunto ahora mismo por el Carbonífero, todos os imaginaréis un periodo con mucha vegetación, zonas pantanosas y grandes insectos. Y es que en este periodo es cuando se formó la mayoría de depósitos de carbón que conocemos y que llevamos usando desde más de seis mil años para dar luz, calentarnos o mover máquinas de vapor, entre otras cosas.

El carbón está formado principalmente por restos vegetales que durante ese periodo quedaron sepultados por las inundaciones, coladas de barro y otros fenómenos que protegieron estos restos de la oxidación y la biodegradación. Con el aumento de la presión y la temperatura fueron progresivamente enriqueciéndose en carbono y perdiéndose otros volátiles a lo largo del proceso.

Las plantas necesitan del dióxido de carbono atmosférico para poder generar materia celular y continuar su crecimiento. Puesto que en este periodo hubo un gran desarrollo vegetal en nuestro planeta, las plantas consumieron una cantidad muy importante del CO2 atmosférico para su crecimiento.

Este CO2, al ser los restos vegetales enterrados, no regresaba a la atmósfera, con lo cual era retirado de una manera muy eficiente desde esta hacia el almacenaje en los depósitos de carbón, y por ejemplo, los volcanes no daban abasto a reponer todo el CO2 que era capturado por las plantas y enterrado en nuestro planeta. Todo este CO2 capturado a lo largo de millones de años es el que estamos devolviendo a un ritmo acelerado a la atmósfera con el uso de los combustibles fósiles, inyectando un gas de efecto invernadero que hasta ahora estaba almacenado geológicamente. Es decir, en el Carbonífero estaba ocurriendo un enfriamiento global, a diferencia del escenario de calentamiento global en el que nos movemos actualmente.

Concentración de los niveles de CO2 en los últimos 312 millones de años en la atmósfera terrestre. La línea azul marca el límite en los niveles de CO2 atmosféricos que por debajo serían capaces de disparar una glaciacion global, calculados para hace 300 millones de años. Georg Feulner.

Concentración de los niveles de CO2 en los últimos 312 millones de años en la atmósfera terrestre. La línea azul marca el límite en los niveles de CO2 atmosféricos que por debajo serían capaces de disparar una glaciacion global, calculados para hace 300 millones de años. Georg Feulner.

Si a estos datos le añadimos que hubo un pico en las concentraciones de oxígeno, que provoca un descenso en las temperaturas por la dispersión de las ondas cortas, y el efecto de los aerosoles como la ceniza volcánica en la atmósfera, hace unos 306 y 304 millones de años, nuestro planeta escapó “por los pelos” de una glaciación global, ya que la atmósfera alcanzó niveles inferiores a los 40 ppm de CO2, justo por debajo del límite superior necesario para que se disparase una glaciación global que ha estimado el autor del estudio, Georg Feulner, a través del análisis de unos modelos climáticos de este periodo en los que se han tenido en cuenta todos los factores conocidos hasta el momento, tanto orbitales como en la concentración de gases en nuestra atmósfera, así como en la distribución de las masas continentales.

¿Qué nos salvó de la glaciación global?. No lo sabemos. Quizás que fueron excursiones de los niveles de CO2 muy rápidas, quizás el descenso en la tasa de crecimiento de las distintas especies vegetales. O quizás algún otro cambio que todavía hoy desconocemos.

Estudios como estos nos ayudan a conocer mejor la sensibilidad del clima de nuestro planeta a distintos factores, lo que con la creación de nuevas bases de datos sobre climas pasados nos permitirá desarrollar mejores modelos climáticos que nos permitan predecir con mayor fiabilidad el clima del futuro.

Referencias:

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