¿Y si somos realmente afortunados de contemplar los anillos de Saturno? NASA/JPL-Caltech/SSI

¿Y si los anillos de Saturno fuesen un adorno reciente?

Cuando estudiamos el Sistema Solar, atribuimos en base a los modelos de formación planetaria una edad similar para todos los objetos que observamos, puesto que en realidad la formación de planetas, satélites, asteroides y demás cuerpos suele estar comprendida en las primeras etapas de evolución del sistema planetario. Muchas veces somos capaces de corroborar estos datos, por ejemplo, mediante la datación por cráteres de sus superficies, que atestiguan la antigüedad de estos (salvo que, como en el caso de nuestro planeta, por ejemplo, los agentes internos y externos se hayan encargado de borrar los restos de las colisiones que hemos ido sufriendo a lo largo del tiempo geológico).

Un nuevo estudio publicado por investigadores del Carl Sagan Center y del Southwest Research Institute sugiere que los anillos de Saturno no se formaron al mismo tiempo que el planeta, como sería lógico pensar, sino que tienen un origen mucho más reciente, junto a algunas lunas interiores del planeta.

Encélado, Tetis y los anillos de Saturno.  NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute.

Encélado, Tetis y los anillos de Saturno. NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute.

Para llegar a esta conclusión, los científicos han tenido que modelar el sistema de lunas del planeta. Estudiando las interacciones gravitatorias con Saturno, pero también entre las propias lunas, se puede conocer y estimar la variación de sus órbitas a lo largo del tiempo. Estas interacciones pueden provocar que la órbita tenga una forma más elíptica o que adquiera una mayor inclinación con respecto al propio plano orbital.

Al comparar los resultados de estos modelos con los datos actuales, de gran precisión gracias a los conocimientos que ha aportado la misión Cassini, las órbitas de Tetis, Dione y Rea han sido mucho menos alteradas de lo que se pensaba, lo que indica que se tienen que haber formado relativamente próximas a su órbita actual.

¿Pero qué edad tienen entonces estas lunas? Como decíamos antes, la Cassini ha aportado una gran cantidad de datos sobre el sistema de Saturno. Uno de sus descubrimientos fue que Encélado tiene una fuente de energía interna alimentada por la fuerza de “mareas” que ejerce Saturno sobre Encélado (pero también el resto de lunas, aunque en menor medida), calentando su interior y provocando los geiseres que vemos en la actualidad y que emiten diversas sustancias, desde agua, a amoniaco.

La actividad de los geiseres de Encélado es sorprendente. NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute.

La actividad de los geiseres de Encélado es sorprendente. NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute.

Según los cálculos, las interacciones gravitatorias habrían movido a Encélado solo un poco en 100 millones de años, precisamente esa pequeña cantidad que aparece en los modelos y que desviaría al satélite de su órbita original.  De otra manera, la evolución de las órbitas de estas lunas interiores y de tamaño medio habrían sufrido una evolución muy lenta, aunque el modelo favorece el origen reciente de estas lunas.

Es posible que Tetis, Dione y Rea se formaran en un gran evento hace 100 millones de años, cuando algunas lunas de Saturno chocaron entre si, dando lugar a los anillos que rodean el planeta, y los fragmentos más grandes a colisionar y formar estas lunas. Esto implicaría también que la gran cantidad de cráteres que observamos en la superficie de estos cuerpos deberían de provenir de cuerpos en órbita alrededor de Saturno, y no alrededor del Sol, ya que con un origen tan reciente, el acumular esa cantidad de cráteres hubiese sido prácticamente imposible.

De confirmarse esta teoría con los nuevos datos que vayan llegando desde el sistema de Saturno, nos deberíamos sentir muy afortunados por haber aparecido en la Tierra a tiempo para contemplar los majestuosos anillos de Saturno.

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.