La Tierra desde el Apollo XI. NASA.

¡Hasta pronto Neil!

El día que Neil Armstrong dejó su huella sobre la Luna yo no había ni nacido y mis padres eran todavía niños. Pero puedo decir que crecí bajo la sombra del programa Apollo, continuamente fascinado por el hecho de que el ser humano fuese capaz de atravesar toda esa inmensidad, todo ese vacío entre la Tierra y la Luna para alunizar sobre un mar, el de la Tranquilidad, y regresar sanos y salvos. Alucinante.

Hoy se nos ha ido Neil Armstrong, y una de las cosas que más me apenan es que no hay nadie que vaya a tomarle el relevo. ¿Han nacido ya los astronautas que volverán a la Luna y que viajen a Marte y los asteroides?. No lo sabemos. Armstrong dio un primer paso, es nuestra responsabilidad dar el siguiente.

Los sueños que empujan a esta generación a seguir adelante están más que nunca en entredicho. El dinero destinado al avance humano, al progreso, a romper las fronteras, ahora se dedica a salvar grandes corporaciones y a financiar guerras eternas contra enemigos invisibles.

No hablo solo de los viajes al espacio, hablo del verdadero futuro. El ser humano siempre se ha creído una especie superior, pero ni aun mirándose al espejo ha sido capaz de reconocerse a si mismo como a una, lo que nos ha llevado al inevitable conflicto. El futuro es romper esas fronteras que nos dividen. Y los sueños y las grandes empresas nos unen, nos emocionan y nos inspiran.

Me intento consolar pensando que algún día mis hijos, o los hijos de mis hijos, se acercarán a visitar las primeras huellas fuera de lo que es nuestra incubadora, la que ha sido la cuna de nuestra civilización, y leerán en voz alta esa cinematográfica frase de “Venimos en paz en nombre de toda la humanidad”, y mirarán arriba, y ahí estará nuestro planeta flotando entre todo ese vacío cósmico, oscuro. La huella de Neil siempre estará en la Luna, y con ella, su memoria. Por eso digo hasta pronto y no hasta siempre.

Me despido con esta frase de la familia en el comunicado oficial publicado tras su muerte:

“Para aquellos que pregunten que pueden hacer para rendir honores a Neil, tenemos una petición simple. Honra su ejemplo de servicio, sus logros y modestia, y la próxima vez que pasees fuera en una  noche clara y veas la luna sonriéndote, piensa en Neil Armstrong y guíñale un ojo.”

¡Hasta pronto Neil!

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