Ciencia, Política y Religión

Hace ya algún tiempo en el que decidí silenciarme sobre ciertos aspectos de la vida puesto que cada una de mis palabras se convertía en un incendio descontrolado, en un órdago inflamable más propio del apocalipsis que de una visión razonable de los problemas que estábamos aguantando.

Pero ya no puedo más. Aunque esto sea un blog de geología, como ciudadano mi obligación no es solo pagar impuestos y cumplir la ley. Mi deber es tener una opinión. Y no es por despreciar a nada ni nadie, pero por el camino que vamos nuestro país va camino de convertirse en una nación de zombies cuya única opinión y pensamiento no va más allá del que producen las distintas lobotomías televisivas a las que nos vemos bombardeados todos los días.

Que peligroso es para el poder que todos tengamos una opinión. Nuestra, claro. La suya ya se encargan de repetirla hasta la saciedad en sus periódicos, radios y televisiones.

Nuestros políticos, nuestros asalariados, a los que como buenos cristianos dedicamos un Domingo al menos cada cuatro años, son como dioses a los que elegimos pero que por ser divinidades, eximimos de cualquier culpa o responsabilidad.

Y últimamente la política requiere de muchos actos de fe, porque si no a ver cómo puedes creerte que la flexibilización del despido puede crear algún empleo. Ahí lo dejo.

Y ya no es solo eso, vivimos en una situación tan polarizada, de un color tan intenso pero de tan pocos colores, que ser de un partido político es como ser del Madrid o del Barça. Y es que los míos nunca se equivocan.

Por si la religión partidista fuese poco, esa que dice que las ideas básicas del partido bajaron del cielo talladas en piedra y rodeadas por una zarza incandescente, la religión nacionalista, esa eterna obsesión por hacer España una y grande, unos países Catalanes o una Cartagena libre del yugo de Murcia siempre aparece en los peores momentos. Todos los nacionalismos, de un trozo u otro, más grandes o más pequeños, son excluyentes, y por lo tanto una muestra del más puro racismo y clasismo.

De verdad, señores, ¿Es tan importante las partes de las que esté compuesta un trozo de la corteza terrestre cuando en ese mismo trozo hay casi cinco millones de personas en el paro?. A eso se llama frivolidad. La misma frivolidad que “colocar” a Carmen Lomana en la televisión pública o hablar del aroma del eructo de Karmele.

Mientras unos hablan del sexo de los ángeles para distraernos con su retórica, los recortes se ejecutan marcialmente, sin miramientos. A los mismos bancos que se les entrega una cifra entre 50 y 60 mil millones de euros, desahucian a 526 familias al día. La factura de la electricidad no para de subir a pesar de los multimillonarios beneficios de las compañías. La sanidad pública se debilita y hasta se plantea el que deje de ser universal. La Universidad pública pasa a ser un objeto de lujo más que un derecho. Los sueldos bajan y los despidos se abaratan. Se reduce la inversión. Cada vez se consume y gasta menos porque no hay más. La deuda de los bancos se hace pública. El sistema, entonces, colapsa. Parece que los únicos que se salvaran son todos aquellos que defraudando a esa idea de país que tanto defienden, tienen sus ahorros en paraísos fiscales o dentro de un bote cola-cao. Y es que parece que mientras España somos todos, hacienda solo unos pocos.

En algún momento de la transición, esa que aún no hemos acabado, perdimos el espíritu crítico y nos olvidamos de pedir responsabilidades a los empleados que si elegimos nosotros. De hecho, en todo ese tiempo que ha pasado, hasta les hemos permitido decirnos que manifestarse va en contra de la democracia. Y hasta algunos parece que se lo han creído. Es curioso que mientras manifestarse para ser escuchado parece un delito, mentir sea un ejercicio de responsabilidad. El malo de la película es ahora el bueno. Los que fueron delincuentes hoy son salvadores y personas responsables.

Entre el no hay crisis y el no habrá rescate han pasado unos años. Unos años en los que lejos de madurar y dejar de creer en los reyes magos hemos dejado que, cayendo por nuestra chimenea los mangantes, saqueen nuestros derechos sociales, esos logros que a nuestros padres y abuelos tanto les costó ganar y que ahora se están esfumando.

¿De verdad quieres seguir durmiendo?.

Despierta, mañana puede ser tarde.

Comments

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  2. Tienes toda la razón en desahogarte por este medio. Me parece que es un ejercicio de responsabilidad manifestarte de este modo si tienes un espacio “público” como pueda ser tu blog. Sólo falta que encima nos cortemos a la hora de manifestar nuestro cabreo por todas las vías posibles.

    Yo soy de esos que nunca han querido hablar de política ni discutir la situación social del momento, ni esas cosas; pero llevo ya años que casi no hablo de otra cosa. Es nuestro deber. Hablar, e intentar cambiar la realidad, aunque sea sencillamente agitando conciencias. También yo me he desahogado por medio de mi blog en no pocas ocasiones, y eso que desde el principio me dije que no escribiría nada que no estuviese relacionado directamente con la ciencia (también es cierto que eso duró apenas unos meses…)

    Muy bien dicho compañero, suscribo todas las opiniones que has vertido aquí. Bueno, a mi los nacionalismos nunca me han molestado tanto, pero ciertamente en estos momentos ponerse a sacar a colación ese debate me parece bastante frívolo y contraproducente…

    Saludetes!

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